Cada vez que alguien me pregunta a qué me dedico, dudo un segundo antes de responder. “Soy diseñador de producto digital” suena bien, pero la cara de confusión que recibo a cambio me dice que la frase no comunica demasiado. Y tiene sentido: el título se usa para describir tantas cosas distintas que ya casi no describe ninguna.
Así que voy a intentar algo: explicar qué es lo que realmente hago, basándome en mi experiencia desde 2016, sin recurrir a frameworks ni buzzwords.
Lo que sí es
Diseñar productos digitales es tomar decisiones sobre cómo funciona algo que la gente va a usar. Eso es todo. La interfaz, los flujos, las interacciones, los textos — todo eso es diseño de producto. Pero la parte más importante no es visual. La parte más importante es entender el problema.
Cuando trabajo en ecoPortal, la plataforma de salud y seguridad para la que diseño, mi trabajo empieza mucho antes de abrir Figma. Empieza con preguntas: ¿Qué están intentando hacer los usuarios? ¿Dónde se traban? ¿Qué pasa si esto falla? Hay decisiones que parecen pequeñas — el orden de dos botones, el texto de un mensaje de error — que pueden cambiar completamente la experiencia de una persona.
Un product designer toma esas decisiones con criterio. No con intuición ciega, no con gusto personal — con criterio informado por investigación, por datos, por conversaciones con usuarios y con el equipo.
Lo que no es
No es hacer pantallas bonitas. Eso puede ser parte del trabajo, pero si tu único aporte es estético, estás haciendo otra cosa. No digo que lo visual no importe — claro que importa. Pero es un medio, no un fin.
Tampoco es UX en el sentido nebuloso que usan muchos. “UX” se convirtió en una palabra paraguas que cubre desde investigación hasta copywriting, pasando por accesibilidad y diseño de interacción. Diseño de producto incluye muchas de esas cosas, pero con un enfoque específico: estás diseñando un producto. Algo que tiene objetivos de negocio, restricciones técnicas, usuarios reales y deadlines.
Y definitivamente no es arte. No estamos expresando nuestra visión creativa. Estamos resolviendo problemas dentro de restricciones, y eso requiere un tipo de creatividad muy distinto.
Entonces, ¿por dónde empezar?
Si estás leyendo esto y pensando en dedicarte a esto, te doy la versión corta de lo que yo hubiera querido escuchar cuando empecé:
- Aprendé a pensar en sistemas. No en pantallas aisladas. ¿Qué pasa antes? ¿Qué pasa después? ¿Qué pasa si algo sale mal?
- Hablá con personas reales. Diseñar sin hablar con usuarios es inventar. Podés empezar con amigos, con familiares — lo importante es salir de tu propia cabeza.
- No te obsesiones con las herramientas. Figma está bien. Pero un wireframe en papel también. Lo que importa es la claridad de tu pensamiento.
- Leé sobre negocios. Suena raro, pero entender por qué existe un producto te hace mejor diseñador.
Mi definición personal
Después de años haciendo esto — primero como parte de otros roles, y desde 2021 como mi trabajo principal — llegué a una definición que me satisface: diseño de producto es tomar las mejores decisiones posibles sobre cómo un producto funciona, considerando a las personas que lo usan, al negocio que lo construye y al equipo que lo implementa.
No es glamoroso. No tiene la mística del “diseñador creativo”. Pero es profundamente útil, y eso me parece mucho más interesante.